"Un paso no dado
es un sueño perdido"

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martes, 19 de febrero de 2008

Las elecciones a rector

La aceptación por el Gobierno de Aragón de la dimisión de Felipe Pétriz como Rector de la Universidad de Zaragoza abre paso a un proceso electoral al que no puede volver a presentarse. Ahora el Consejo de Gobierno debe realizar la convocatoria de elecciones, fijando un calendario cuyas previsiones más lógicas sitúan la primera votación hacia mediados del mes de abril y si ninguno de los candidatos alcanza la mayoría requerida la segunda vuelta tendría lugar en mayo.

Felipe Pétriz ha querido adelantar el fin de su mandato para evitar que el proceso electoral de la Universidad coincidiera con los exámenes de junio. Las votaciones se celebrarán así en unas fechas adecuadas para propiciar la máxima participación de la comunidad universitaria, que en las últimas elecciones a Rector alcanzó el 70% entre profesores y profesionales de la administración y servicios universitarios, pero sólo el 13% entre los estudiantes.

En las universidades públicas, la elección de un nuevo Rector inevitablemente crea expectativas tanto dentro como fuera de la institución que en esta ocasión son mayores por la importancia de los retos que debe afrontar la Universidad de Zaragoza en los próximos años. Sin embargo, el debate público de ideas todavía no ha comenzado, las distintas opciones todavía se están perfilando y hay algunas incógnitas añadidas ya que:

  • Desde las primeras elecciones democráticas, en la Universidad de Zaragoza el candidato vencedor siempre fue un miembro del Equipo de Gobierno saliente que partía con la ventaja de la experiencia del ejercicio de gobierno y de ser conocido por la comunidad universitaria. Mientras que en esta ocasión parece que no va a haber candidatos con la etiqueta de sucesores.

  • El actual procedimiento de sufragio universal pero con voto ponderado de los, aproximadamente, 30.700 estudiantes, 3.180 profesores y 1.760 profesionales de administración y servicios, se ha aplicado una sola vez en la reelección del actual Rector. Lo que tampoco sirve de antecedente ya que él era un claro referente que no parece existir ahora.

  • En estas elecciones la Universidad elige al Rector que libremente designa a su Consejo de Dirección y el único requisito para ser candidato es ser catedrático en activo y a tiempo completo en la institución, condición que cumplen 250 profesores.

Hasta hace pocos años, en las universidades públicas españolas, un Claustro reducido de representantes de los tres estamentos elegía al Rector y el cambio al sufragio universal de toda la comunidad universitaria impuesto por la Ley Orgánica de Universidades de 2001 todavía no se ha asentado. No existe en las universidades un tejido asociativo que juegue en la política universitaria un papel de articulación equivalente al de los partidos políticos en la vida democrática. Por ello la construcción de nuevos liderazgos es difícil y los resultados finales a menudo han sorprendido.

En la Universidad de Zaragoza, siguiendo la inercia de la elección por el Claustro, han pervivido grupos organizados más o menos estables agrupados por determinados intereses y en los que la propia trayectoria de las personas que los componen con sus filias y fobias es un activo ingrediente. Algunos de ellos ya han avanzado propuestas iniciales de posibles de candidatos aunque todavía no sean definitivas.

La próximas elecciones a Rector van a marcar en nuestra Universidad la transición real del antiguo sistema, en que los grupos organizados podían conocer los votos de cada una de las opciones presentes en el Claustro, al nuevo de sufragio universal de toda la comunidad universitaria, en que los grupos organizados van a perder peso, ganando los candidatos, los programas a desarrollar y la visión de futuro que proyecten.

El Rector que salga elegido debe impulsar y orientar un cambio histórico en la configuración de las enseñanzas de acuerdo con el Espacio Europeo de Enseñanza Superior. Pero además será determinante para el futuro de la institución ya que a un nivel más profundo, en estas elecciones de 2008, está en juego el papel de la Universidad de Zaragoza como motor de la sociedad del conocimiento y bienestar y con él una parte de la competitividad real de la sociedad aragonesa de los próximos años.

Para un profesor universitario participar en esta elección para liderar la transformación de su Universidad es sin duda el reto de toda una vida académica. Atendiendo a la peticiones y el ánimo de muchos de mis colegas, en los más variados Centros y Departamentos he decidido aportar mi experiencia, independencia y voluntad de servicio presentando, cuando sea posible, mi candidatura para ser el Rector de todos.

Rafael Navarro Linares
(Publicado en Heraldo de Aragón el 19 de febrero de 2008)

domingo, 13 de enero de 2008

Un nuevo modelo de relaciones

El progreso de la sociedad del conocimiento y bienestar de forma creciente reclama que las universidades, sin perder sus valores de excelencia y universalidad, ejerzan su liderazgo y que, para ello, actúen en la frontera de la investigación, formen a los mejores profesionales e integren sus capacidades de creación e innovación en beneficio del progreso económico, social y político tanto local como global.


La satisfacción del bienestar social y la anticipación a sus necesidades definen una parte de las nuevas demandas que los gobiernos, instituciones y ciudadanos de los países democráticos más avanzados hacen a sus instituciones de investigación y enseñanza superior, exigiendo una ampliación de las misiones actuales de creación, preservación y difusión de la cultura y conocimientos implícitas a las universidades.


En los países europeos, una parte de estas exigencias de cambio en las relaciones entre la universidad y la sociedad se ha concretado en un impulso político de renovación de las enseñanzas universitarias para la construcción de un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) y de un Espacio Europeo de investigación.


Para España, este profundo proceso de renovación de las enseñanzas y universidades para acompasarlas a las relaciones sociales y económicas del siglo XXI adquiere dimensiones singulares por la intensidad y complejidad de las modificaciones asociadas a un cúmulo de coincidencias tales como:

  • La adaptación a un escenario restrictivo, caracterizado por el descenso continuado del número de estudiantes y la paralización del proceso expansivo en el número de centros y enseñanzas universitarias.

  • La necesidad de utilizar creativamente los nuevos grados de libertad académica en la configuración de las enseñanzas universitarias de carácter oficial y validez en todo el territorio nacional de los tres ciclos de Grado, Máster y Doctorado.

  • La obligada modificación de las metodologías docentes y discentes de las enseñanzas universitarias para centrar su objetivo en el aprendizaje del estudiante y orientarlo de forma que le permita seguir con su formación a lo largo de toda su vida.

  • La imposición de unas renovadas exigencias de calidad a todas las actividades de las universidades y, en particular, para superar la periódica acreditación de las enseñanzas que se impartan.

  • La demanda de una mejora de los rendimientos académicos que se realice sin disminuir la calidad de las enseñanzas o el nivel de conocimientos de los titulados.

  • La exigencia de una mayor agilidad y profesionalización de la gestión universitaria que permita responder a tiempo y satisfactoriamente a los acelerados cambios y a las variables demandas sociales.

Las universidades españolas, que ya han comenzado a diferenciarse, acelerarán este proceso divergente buscando sus propias líneas de actuación para adaptarse a su entorno político, social, económico y territorial y responder mejor a la competencia de otras instituciones universitarias en la captación de alumnos, en la atracción a su claustro de los mejores profesores e investigadores, en el desarrollo de proyectos competitivos de I+D+i, en la proyección y relevancia social, etc.


La transformación de las enseñanzas universitarias para converger al EEES está en marcha y las modificaciones académicas y curriculares se harán visibles en el próximo curso con la impartición de las primeras enseñanzas oficiales de Grado y progresarán con rapidez para que en el curso 2010-11 los alumnos que comiencen estudios en la universidad española sólo puedan seguir nuevas enseñanzas.


Se configura un periodo apasionante de transformación y una ocasión, para que las universidades, sin perder su naturaleza, reelaboren la distribución de sus titulaciones y centros, actualicen su organización académica para hacerla más eficiente, mejoren sus rendimientos y se hagan más permeables a las necesidades sociales. Para ello, en los próximos tres años, haciendo uso de su autonomía, deberán emprender un cambio en las relaciones con la sociedad que condicionarán con intensidad su evolución durante la próxima década y más allá.

Rafael Navarro Linares
(Publicado en Heraldo de Aragón el 13 de enero de 2008)

jueves, 1 de febrero de 2007

Enseñanza universitaria en Aragón sostenible

El debate sobre la reestructuración de las universidades para conciliar la demanda y la oferta de las carreras universitarias, últimamente, ha aparecido con fuerza en los medios de comunicación. La reciente publicación del informe Atlas de la España Universitaria, que ha dado a conocer la evolución de la distribución de los nuevos alumnos por centros y enseñanzas, ha propiciado una incipiente reflexión acerca de los costes y beneficios de la oferta actual.


La imagen que emerge de la Enseñanza Universitaria española es elocuente. Entre los cursos 1995-96 al 2005-06, esto es en los 10 últimos, el número de estudiantes universitarios matriculados en España ha disminuido un 8,6%, mientras que ha aumentado el de universidades un 14% y, en un porcentaje muy superior, el número de programas que se imparten. Estas tendencias opuestas han originado que en la actualidad más de 100 estudios (4,5% del total de España) tengan 10 o menos alumnos nuevos por año.


Esta tendencia no es coyuntural sino que continua, 1,4% de disminución del numero de estudiantes matriculados en el curso 2006-07, y probablemente se intensificará a corto plazo. La demanda de determinadas enseñanzas no va a aumentar, si no está refrendada por claras necesidades del mercado laboral, por una demografía suficiente y no hay opciones equivalentes en el entorno. Como los costes fijos por unidad docente son elevados, situaciones de mínimo número de nuevos alumnos supone costes por estudiante desorbitados, que serán crecientes y harán más difícil encontrar razones para su mantenimiento.


Estos datos estadísticos señalan que el modelo de multiplicación de enseñanzas universitarias seguido por España en los últimos años ha entrado en crisis. Por razones de conveniencia política en la intención de contribuir al desarrollo local, al equilibrio inter-territorial u otras, se crearon centros y titulaciones difícilmente viables. Ahora, cada vez hay más voces que claman para que el proceso se reconduzca de forma racional y sostenible, a la vez que se consolida la calidad de las enseñanzas.


El problema es de alcance nacional, pero, como la Enseñanza Universitaria está transferida, a las Comunidades Autónomas corresponde aplicar medidas de racionalización que algunas ya han empezado a considerar. Sin embargo, este proceso no parece que haya llegado a Aragón, aún cuando el problema esté más agudizado que la media nacional.

La reducción del número de estudiantes universitarios de 1º y 2º ciclo en Aragón en los 10 cursos de referencia ha sido del 25%, porcentaje sólo superado por Navarra, Asturias y Cantabria y que triplica la media nacional. De forma contradictoria, el aumento de nuevas titulaciones en los distintos campus de la Universidad de Zaragoza y en la Universidad San Jorge, en este periodo ha sido del 27%. Como resultado en Aragón hay, 4 enseñanzas (5%) que tienen 10 o menos nuevos alumnos año y 12 (14%) con 15 o menos.


Esta información no es nueva para las autoridades universitarias o políticas que, desde hace tiempo, conocen esa realidad. Sin embargo, no se ha abordado porque la supresión de enseñanzas, moviliza a amplios sectores sociales dentro y fuera de la Universidad. No hay rentabilidad política en racionalizar la oferta y hacerla sostenible y, con la excusa de la transformación de las enseñanzas por adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, se ha pospuesto la adopción de decisiones. Proporciona buena imagen inaugurar cursos, instalaciones y nuevas titulaciones… pero ya no lo es tanto garantizar un profesorado adecuado para la docencia que tenga una investigación activa y sepa incidir en su entorno.


La especialización de los distintos campus, la agrupación de carreras para obtener sinergias o la concentración, utilizando enseñanzas a distancia, son soluciones que se están abordando en otras Comunidades y que hay que intentar con más intensidad en Aragón. No es sostenible el proceso de creación de nuevos campus y tampoco lo es mantener la duplicación de enseñanzas en distintos campus si éstas no tienen viabilidad. La huida hacia adelante aumentando la oferta de titulaciones en los centros, cuando haya una demanda volátil o las nuevas enseñanzas no se complementen con las del centro que las imparta, es incrementar el problema.


Fuera del cultivo del ladrillo, Aragón solo puede competir y mantener su nivel de bienestar, avanzando en la sociedad del conocimiento, para lo cual debe planificar sus enseñanzas universitarias y configurar una oferta sostenible acorde con sus necesidades. Esto es política universitaria con mayúsculas y debería estar presente en los próximos debates electorales. Si no es así, antes o después, el fracaso y la ineficiencia estarán a la vista y perderemos todos.


Rafael Navarro Linares
(Publicado en Heraldo de Aragón publicado en febrero de 2007)

miércoles, 4 de octubre de 2006

El vaivén universitario

La remisión de una propuesta titulada “La Organización de las Enseñanzas Universitarias en España”, para que sirva de documento de trabajo del Consejo de Coordinación Universitaria (CCU) y emita un informe, ha permitido conocer las intenciones del nuevo equipo ministerial. El documento plantea una ruptura importante con la Universidad actual y con las líneas de trabajo que se habían seguido hasta ahora en el proceso de adaptación de las Enseñanzas Universitarias de España al EEES, tanto por parte de los responsables ministeriales previos como del propio CCU.


La adaptación de las enseñanzas universitarias al EEES y la mejora de la calidad de las universidades y de su docencia, no puede hacerse a golpe de decreto en el Boletín Oficial, sino que requiere la colaboración de la Comunidad universitaria. Tras tres años de cambios de orientación en el Ministerio, entra la duda de si a la tercera va la vencida o, directamente, hay esperar cada vez con escepticismo acrecentado al siguiente cambio ministerial.


La aplicación de la propuesta, implicará modificar los Reales Decretos de Grado y Posgrado publicados por este mismo Gobierno en enero de 2005, obligando a rehacer el trabajo realizado por todas las universidades ya que, con esas reglas del juego han elaborado más de un millar de programas oficiales de posgrado que empiezan este el curso 2006-07 y que habría que modificar de nuevo.


Una de las novedades más cuestionables de la propuesta es imponer un primer año (o periodo equivalente de 60 créditos ECTS) común para todas las enseñanzas de cada una de las cinco ramas: Artes y Humanidades, Ciencias, Ciencias de la Salud, Ciencias Sociales y Jurídicas, Ingeniería y Arquitectura. Esto retrotrae a situaciones y tiempos anteriores a la LRU, en que este tipo de cursos (selectivos) estaban presentes en distintas titulaciones y que se abandonaron por que no eran adecuadas. Se han olvidado de la historia y quieren obligarnos a repetirla. Además, va ser difícil diseñar estos 60 ECTS comunes de cada rama sin cargar a los alumnos de materias innecesarias y desmotivadoras para su formación profesional.


Desde la experiencia de la Escuelas de Ingeniería no se vislumbra como el establecimiento de este curso común sea efectivo para reducir las tasas de abandono. Muy al contrario, en estos créditos sólo se podrán abordar temas generales parte de los cuales las vocaciones más resueltas verán como inútiles. Con frecuencia estos cursos son los peor valorados por los alumnos ya que tienden a sentirse más motivados por aquellas materias más próximas a la especialidad elegida. Su desarrollo reduciría los posibles contenidos específicos de las enseñanzas de Grado, dificultando la inserción directa de los graduados al mercado laboral o que se desarrollen los contenidos precisos para el reconocimiento de las atribuciones profesionales de alguna de la actuales Ingenierías.


La introducción de un “Certificado de Estudios Universitarios iniciales” en cada rama, cuando se tiene aprobados 120 créditos no tiene antecedentes en España. Afirmar que este título intermedio va a servir para reducir los abandonos es una afirmación sin fundamento ya que en los pocos países que existe no ha sido así. Además, si se quería evitar los dos escalones actuales de la Enseñanza universitaria actual, se vuelven a introducir.


La propuesta renuncia a la coordinación nacional de los contenidos de muchas de las enseñanzas de los títulos de Grado. Se da autonomía a las universidades, pero pasar de una situación de regulación como la actual a otra sin mínimos no va a ayudar a mejorar al conjunto ni a facilitar el futuro control de calidad. Por el contrario, potenciará el desarrollo de las universidades mejor situadas o de aquellas que tengan más medios y perjudicará a las más débiles, posiblemente empeorando la calidad del conjunto de la Enseñanza Universitaria. Esta ausencia de mínimos, además, dificultará que las empresas conozcan los conocimientos mínimos garantizados de cada graduado.


La Educación en todos sus niveles debería ser un tema de consenso de toda la sociedad, y estar fuera de los vaivenes de las políticas inter- o intra- partidos. Los cambios frecuentes de las estructuras educativas en España han demostrado que no ayudan a mejorar la calidad de las enseñanzas sino a enmascarar un problema con otro nuevo, dejando ambos sin resolver.


Rafael Navarro Linares
(Publicado en Heraldo de Aragón el 4 de octubre de 2006)

miércoles, 6 de septiembre de 2006

El tortuoso camino español al EEES

El proceso de adaptación de las enseñanzas universitarias españolas al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) ya lleva caminando más de tres años y medio, tiempo suficiente para vaciar las frases grandilocuentes de las declaraciones políticas, levantar pasiones y protestas sociales y experimentar cambios drásticos en la metodología y ritmos de implantación, con paradas de burro y arrancadas de liebre.

Un cambio de Gobierno y el paso de tres ministras distintas (señoras Del Castillo, San Segundo y Cabrera) se han reflejado en tres actuaciones con pocos elementos de continuidad, que están conduciendo al hastío a los responsables de las universidades cuyo trabajo es clave para el éxito del proceso y de la integración al EEES, pero que en la práctica se desdeña.

El inicio real el proceso de adaptación, en febrero 2003, fue la publicación por el Ministerio del documento marco titulado La integración del Sistema universitario en el EEES. En él se reflexionaba sobre las transformaciones a realizar en las estructuras de los estudios universitarios para alcanzar la plena integración del sistema español al EEES y se establecía una fecha optimista, 2010, para culminar el proceso con la extinción de los planes actuales. En ese momento el Gobierno, en boca de su Ministra, quería liderar el proceso de convergencia a nivel europeo. Para ello lanzó convocatorias de proyectos para el diseño de los estudios de Grado, financiando la formación de redes de universidades para que estudiaran la situación y perspectivas de los estudios actuales en España y de sus referentes en Europa, elaborando documentos comprensivos de las titulaciones que recibieron la denominación de Libros Blancos.

Con la llegada del nuevo Gobierno, en diciembre 2004, se cambió el procedimiento. Se continuó con la elaboración de los Libros Blancos que alcanzaron a todas las titulaciones, pero pasaron de ser uno de los ejes fundamentales del análisis a “una propuesta no vinculante con valor como instrumento de reflexión”. Además, la responsabilidad de elaborar las propuestas de nuevas titulaciones, que inexplicablemente se había dado a la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad (ANECA), se encomendó al Consejo de Coordinación Universitaria (CCU) formado por los Rectores de las Universidades y representantes de las CC AA y del propio Ministerio.

El CCU, de acuerdo con el Ministerio, hizo público el procedimiento a seguir tras la aprobación de los Reales Decretos que regulan las enseñanzas de Grado y Posgrado (enero 2005), estableciendo las líneas básicas de la reforma y un desarrollo en dos etapas flexibles: Una primera, antes de mayo 2005, para presentar una propuesta del Catálogo de títulos oficiales y sus relaciones con las titulaciones actuales a reestructurar y una segunda, antes de octubre 2007, en la que de forma gradual, se aprobarían las directrices generales propias de cada titulación.

Cumpliendo esta programación, en julio 2005, el CCU elevó una propuesta al Ministerio con las denominaciones de más del 90% de los posibles títulos de Grado y de Máster con directrices propias, puntualizando aspectos de importancia tales como la duración de las enseñanzas. Los rechazos sociales que generó esta propuesta de Catálogo llevaron a una rectificación de la misma en marzo 2006, estableciendo un calendario detallado del proceso de renovación de los nuevos títulos y publicando las primeras directrices.

El posterior nombramiento de la nueva Ministra y de su equipo paralizó el proceso y todavía no se sabe como va a continuar. De las intenciones sólo se conocen generalidades. Así se ha presentado como “un reto complejo, que requiere prudencia en su desarrollo, para no caer en una precipitación irresponsable, y diálogo, para que colaboren el Gobierno, las universidades y las comunidades autónomas en el marco de sus competencias”. Sin embargo, las declaraciones estivales de los responsables de su equipo no parecen prudentes, se rompe con la trayectoria anterior, se mantienen los plazos y se pierde una parte del esfuerzo realizado.

El Ministerio ahora propone el desarrollo de un marco amplio y flexible, trabajando sobre directrices relativas a las condiciones científicas, académicas y metodológicas de impartición de títulos de Grado, propuesta que no resuelve los problemas sino que los traslada a otras instancias y genera otros irresolubles en las enseñanzas que conllevan atribuciones profesionales reguladas.

En el tortuoso camino hacia el EEES mucho se ha andado, pero en direcciones distintas y la meta sigue lejos. Con mucho trabajo se han conseguidos equilibrios que un buen gobierno debería mantener, ya que el cambio constante de rumbo conduce a utilizar el esfuerzo en no moverse del sitio.

Rafael Navarro Linares
(Publicado en Heraldo de Aragón el 6 de septiembre de 2006)

lunes, 17 de julio de 2006

Nace TECNOEBRO

La constitución, a finales de Junio, de la asociación sin ánimo de lucro TECNOEBRO es sin duda una buena noticia en sí misma. Y ello, no sólo por lo que representa de acuerdo y puesta en común de intereses entre distintas instituciones responsables de la generación, difusión y transmisión de conocimientos, sino también por la calidad de los protagonistas y la magnitud del intento de poner en valor y con una imagen común todas estas actividades en un enfoque nuevo e integrador, que entendemos lleno de futuro.


Tres años de reuniones y conversaciones entre sus socios y el impulso del Gobierno de Aragón, han cristalizado en la creación de TECNOEBRO en la que intervienen: la Universidad de Zaragoza, con tres centros, cuatro institutos universitarios de investigación propios y dos mixtos; el Consejo Superior de Investigaciones Científicas - CSIC - con un instituto propio y los dos mixtos citados; el Instituto Tecnológico de Aragón -ITA-; las fundaciones CIRCE (Centro de Investigación de Recursos y Consumos energéticos) y aiTIIP (Asociación de Investigación del Taller de Inyección de la Industria de los Plásticos); y el Centro Europeo de Empresas de Innovación- CEEI.


Sin duda, la convivencia de la mayoría de estas instituciones en una misma área geográfica, que se localiza en el Campus denominado Río Ebro, en el barrio del Actur, ha sido un primer aglutinante, que posibilitó distintas experiencias de colaboración previa, que ahora se institucionalizan. Potenciar los servicios comunes, coordinar las actividades de docencia, investigación, transferencia de conocimientos y de creación de empresas innovadoras, y promover una imagen de “marca” externa de la capacidad científico-tecnológica de nuestra región, son amplios campos a explorar por la nueva asociación, que van mucho más allá de la profundización en las relaciones de buena vecindad, siempre necesarias. El objetivo final debería ser la creación de un Parque Tecnológico que, junto a los ya existentes, completase la estructura de servicios de alto valor añadido al tejido empresarial de Aragón.


En TECNOEBRO están presentes instituciones autónomas junto a otras dependientes del Gobierno de Aragón y del Gobierno Nacional dando lugar a una dimensión que no tiene parangón en España por su ambición y posibilidades. Los centros universitarios presentes: Centro Politécnico Superior, Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Industrial y Escuela Universitaria de estudios Empresariales, aportan su actividad y la de unos 9.000 estudiantes a los que en un próximo futuro se podría añadir la actual Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Más de mil técnicos, investigadores y profesionales con formación universitaria superior, trabajando en tecnología y ciencias aplicadas y de la empresa, se concentran en estos centros y en los institutos de investigación presentes: Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón, Carboquímica, Laboratorio de Investigación de técnicas de la Combustión, Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón, ITA y fundaciones CIRCE y aiTIIP a los que se sumarán en los próximos dos años los institutos universitarios de Nanociencia, Biocomputación y Sistemas Complejos y Catálisis Homogénea. Todos ellos, con un porcentaje elevado de líderes en su campo, conforman una base de partida inmejorable para construir la sociedad del conocimiento dinámica y competitiva que Aragón necesita.


TECNOEBRO es una realidad que acaba de nacer desde la base de las instituciones que la forman y hace una apuesta nítida por un desarrollo eficiente de tal sociedad del conocimiento, que debe reflejarse en una mayor cercanía y potenciación tecnológica de las empresas de Aragón y en la implantación definitiva de la I+D+i aragonesa en Europa.


Manuel Doblare y Rafael Navarro

(Publicado en Heraldo de Aragón el 17 de julio de 2006)

lunes, 15 de mayo de 2006

La nueva Universidad

En la actualidad, la movilidad de los estudiantes universitarios españoles entre Comunidades Autónomas (CC AA) es reducida. Un 9% declaran domicilios familiares en CC AA distintas de donde estudian y, estudiantes Erasmus aparte, sólo un 1,5% del total son extranjeros. Extrapolando esta situación, el mercado de las nuevas enseñanzas de grado, que heredarán estas tendencias, en la mayoría de las universidades españolas será local y, probablemente, abarcará su Comunidad Autónoma o provincia y, como mucho, sus vecinas.


Frente a este comportamiento de entorno local, el 20% de los estudiantes de doctorado son extranjeros y se puede intuir que más de un tercio tienen domicilios familiares fuera de la CC AA en la que estudian. Con hipótesis conservadoras se puede pensar, que en un futuro inmediato, la parte relativamente más importante de la movilidad de estudiantes corresponderá a este nivel de la enseñanza universitaria y por lo tanto se dará en los nuevos estudios de posgrado; i.e., en los estudios de máster y de doctorado.


En Europa, la reducción del porcentaje de población que sigue estudios universitarios y el cambio de preferencias de los estudiantes está haciendo que, en algunas profesiones de alta demanda, el número de egresados sea insuficiente para la reposición generacional o no tenga el crecimiento necesario para satisfacer la demanda laboral. Esa reducción ya ha comenzado en España, que seguimos la misma senda que recorrieron los países europeos más avanzados, con unos pocos años de retraso. La constatación de este déficit de profesionales estuvo en el origen de protocolo de Bolonia de forma que, desde una acción coordinada, mejorar la competitividad y transparencia del sistema universitario europeo y favorecer la captación de estudiantes, frente a otros sistemas como los de EE UU o Japón. Sin duda, la captación más favorable es la de estudiantes de posgrado.


Por todas estas razones, las universidades españolas deberán perfilar su imagen en la oferta de los nuevos programas oficiales de posgrado. Imagen que debe ser precisa, universal y competitiva en su mercado natural, español y europeo, pero con singular atención al mercado latino-americano, cuyos graduados se dirige mayoritariamente hacia EE UU.


La organización de las nuevas enseñanzas oficiales de posgrado, aunque debe hacerse junto con las de grado, tiene suficiente flexibilidad para que cada universidad pueda ofertar docencia en los campos que desee y permitan sus gobiernos autónomos. Sin embargo, no se pueden diseñar éstas para captar de forma oportunista o mimética demandas locales y momentáneas. Para esto están los títulos propios de las universidades, que no tienen carácter oficial pero permiten formar especialistas en temas muy concretos, normalmente con demanda laboral apreciable.


Las enseñanzas oficiales de posgrado deben ser proyectos de larga vida, preferentemente multidisciplinares, y flexibles que permitan consolidar actividades docentes e investigadoras y que tengan una imagen precisa, identificada con la calidad. Que la elección de las universidades se haga en las áreas de mayor demanda social, en los campos en que tengan mayor experiencia docente e investigadora y en los nichos en que esté mejor preparada para competir serán las claves del éxito.


En Octubre empezarán las primeras 21 enseñanzas de posgrado de la Universidad de Zaragoza aprobadas por el Gobierno de Aragón. Se perdió la oportunidad de planificar desde su origen este proceso y el resultado es una suma de iniciativas individuales, válidas una a una, pero sin la proyección de conjunto y de imagen que deben tener estas enseñanzas.

La previsible competencia en el mercado europeo y latino-americano entre posgrados oficiales de distintas universidades elevará las exigencias de calidad en contenidos, profesores e instalaciones. Este reto obligará a las universidades que quieran estar en primera fila, a apostar por un número reducido de programas que les servirán de imagen externa de referencia. Si queremos que la Universidad de Zaragoza esté entre ellas, queda un arduo trabajo de planificación y elección de unos pocos posgrados, en cada una de las grandes divisiones de conocimiento, que perfilen su imagen hacia el exterior.

Rafael Navarro Linares
(Publicado en Heraldo de Aragón el 15 de mayo 2006)

jueves, 20 de abril de 2006

La Universidad y el espacio europeo

Desde mediados de marzo ya se conoce el noventa por ciento del catálogo de los nuevos títulos de grado y posgrado, así como las directrices de algunos de ellos. Sin disparo de salida, ha comenzado una carrera silenciosa para estar en posiciones de ventaja en el proceso de transformación de las enseñanzas universitarias al Espacio Europeo de Educación Superior –EEES-, que va a producir en los próximos tres años cambios de magnitud equiparable a los experimentados por la Universidad española en los últimos 20 años.


Todavía hay incertidumbres y bastantes elementos por definir en las nuevas enseñanzas, pero no es posible esperar a conocerlos todos para hacer la elección más adecuada en cada caso, planificar el proceso de transformación y actuar. La Universidad de Zaragoza, en su último Consejo de Gobierno, presentó un calendario con planificaciones y estrategias para guiar este proceso que alcanza la organización académica, la asignación de la docencia y la organización de los propios centros, así como para la renovación de las metodologías docentes.


¿Qué enseñanzas de grado se impartirán en la Universidad de Zaragoza y donde?, ¿cómo orientar las futuras enseñanzas de posgrado?, ¿en qué Campus se ofertarán?, ¿qué medios e infraestructuras se necesitarán?, ¿cómo quedan los centros actuales?, ¿sobran profesores o faltan?, ¿cómo se incentivarán los cambios de metodología docente en profesores y alumnos? ... Estas preguntas y otras muchas, desde hace meses, son formuladas por la sociedad y, en particular, por la comunidad universitaria a los responsables académicos y políticos, sin posible respuesta.


Los centros de la Universidad de Zaragoza, en reuniones bilaterales o multilaterales propiciadas desde el Rectorado, llevan meses buscando respuestas a estas preguntas en los ámbitos que les competen, ya que son quienes deben informar técnicamente las posibilidades y gestionar el día a día. Sin embargo, en ésta búsqueda rápidamente tropiezan con el techo de un marco no establecido y cuya responsabilidad está en niveles superiores que no se han definido.


Es lógico que las propuestas de transformación emerjan del Consejo de Gobierno de la Universidad, aunque la responsabilidad sea de su Consejo Social y finalmente del Gobierno de Aragón. Pero, de poco servirá la voluntad e iniciativas académicas de los centros y de la Universidad si su acción no se incardina en las líneas que marquen las instancias superiores y todas ellas caminen en la misma dirección. Además, no sólo es necesaria la coordinación entre instituciones sino que ahora se precisa visión de futuro, liderazgo social y anticipación por parte del Gobierno de Aragón, que hasta ahora no ha estado presente en el proceso.


Conjugar el comienzo de Bellas Artes en Teruel y de Odontología en Huesca el próximo curso, con la elaboración de los planes de estudio de las correspondientes enseñanzas de grado EEES y de las que empezaron a impartirse en este curso; Filosofía, Diplomatura de Óptica e Ingeniería Técnica de Obras Públicas, no va a ser fácil y, para su supervivencia, urge que hagan su transformación al EEES. Pero igualmente deben transformarse con rapidez otras enseñanzas con amplio arraigo para no perder competitividad en Aragón o frente a Comunidades vecinas.


En el nuevo marco, la obligatoria evaluación de la calidad de las enseñanzas va a ser una espada de Damocles difícil de superar si los centros no alcanzan unidades homogéneas de tamaño suficiente y éstas no se imbrican fuertemente en su entorno socio-económico. Es la ocasión de establecer una auténtica política universitaria aragonesa, abierta a las necesidades sociales de los estudiantes y de las empresas y que, pensando en los próximos 10 años, profundice en la descentralización, dando sostenibilidad y futuro a los Campus de Huesca y Teruel.


En el periodo preelectoral, al que estaremos abocados en los próximos 12 meses, será difícil formular políticas de largo alcance y se corre el peligro de que pase de largo el mejor momento para hacer la programación de la Enseñanza Universitaria de Aragón, cuyas directrices deben guiar su transformación al EEES.


Rafael Navarro Linares
(Publicado en Heraldo de Aragón el 20 de abril de 2006)

lunes, 16 de enero de 2006

La ley universitaria de Aragón hibernada

El pasado mes de Junio, las Cortes de Aragón, a iniciativa del Gobierno de la Comunidad Autónoma, aprobaron la Ley de Ordenación del Sistema Universitario de Aragón (LOSUA) marcando el primer intento de coordinación global del desarrollo de las enseñanzas universitarias desde que se hizo el traspaso de estas competencias.


El contenido de la LOSUA, en su día, suscitó opiniones encontradas en la Universidad de Zaragoza que se trasladaron a la opinión pública y figuran en las hemerotecas. Entre otras deficiencias, se vislumbraban: peligros por la ingerencia del Gobierno de Aragón en la autonomía universitaria, dificultades por el sometimiento de la planificación a una “Programación Universitaria”, equilibrios por la necesidad de compromisos sobre el sistema de financiación de la Universidad que obligaba a establecer un modelo de financiación universitaria plurianual y riesgos por el ambicioso mandato de diseñar y crear una Agencia de la Calidad y Prospectiva Universitaria de Aragón. Todas estos retos, seis meses cumplidos desde la puesta en marcha de la LOSUA, nos gustaría decir que se han superado acertadamente pero no es así y además empiezan a acumularse retrasos.


La autonomía universitaria ha sufrido embates de distinta índole, que han sido más notorios en lo que se refiere a la política de investigación ya que, tras poner bajo mínimos los presupuestos regulares que cubren los aspectos básicos de la docencia y la investigación en la Universidad, se ha potenciado el desarrollo de programas de investigación específicos. Así han producido aumentos de la capacidad de gestión de la actividad investigadora de la Consejería pero anulando de forma efectiva la poca autonomía universitaria que existía en esta parcela.


El Gobierno de Aragón todavía no ha elaborado una “Programación universitaria” y la Universidad pública carece de las directrices previstas en la LOSUA para hacer su planificación en un momento en que su ausencia le perjudica y la sitúa en desventaja en el entorno nacional y aragonés. El próximo 15 de Febrero el Gobierno ha de presentar al Ministerio un listado de los posgrados oficiales que se impartirán en Aragón. Los posgrados oficiales deben cumplir determinadas condiciones de calidad y, en la Universidad de Zaragoza, ofertarse a precios públicos, siendo su profesorado financiado con cargo a presupuestos públicos. El largo trámite de estas solicitudes que exige su aprobación por los Centros y/ o Departamentos, el Consejo de Gobierno, el Consejo Social y el Gobierno de Aragón, ha hecho que éstas ya se hayan presentado sin conocer la planificación y los presupuestos. De nuevo, como a principios de año con la solicitud de nuevas titulaciones, se actúa sin previsión y en clara ausencia de liderazgo político.


El establecimiento de un modelo de financiación, que permitiese a la Universidad establecer planificaciones plurianuales, era uno de los mandatos de la LOSUA con una primera fecha fija, la elaboración de los presupuestos para el próximo ejercicio económico. El modelo se aprobó con retraso y sin acuerdo entre las partes. La propuesta de un modelo de evaluación de costes que, independientemente de su monto total, sólo compromete un mínimo del 70% dejando que el resto se fije cada año, vulnera la letra y del espíritu de la ley.


La creación de una Agencia de la Calidad y Prospectiva Universitaria de Aragón se retrasa y su ausencia, además de en la ausencia de planificación, se nota en: i) La falta de verificación de las condiciones legales exigibles al profesorado contratado y a las instalaciones de la universidad privada. ii) La defensa de los aragoneses ante anuncios engañosos, que ofrecen, sin especificarlo, titulaciones no homologadas o estudios de máster que no son tales. iii) La evaluación de la actividad docente del profesorado de la Universidad de Zaragoza necesaria, entre otras cosas, para mejorar la calidad y hacer efectivos complementos retributivos que llevan más de dos años de retraso.


Empezar bien y corregir las desviaciones y retrasos, antes de que se transformen en problemas, sería deseable en la puesta en funcionamiento de una ley, y como universitarios nuestro deseo interesado es que, con esta crítica constructiva, se ayude a que se consiga.


Rafael Navarro Linares
(Publicado por Heraldo de Aragón el 6 de enero de 2006)

lunes, 16 de mayo de 2005

Una oportunidad para Aragón

La semana pasada se filtró a la prensa un borrador del Catálogo de nuevos títulos adaptados al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) elaborado por el Consejo de Coordinación Universitaria. El nuevo Catálogo diseña una reducción notable del número de títulos de Grado y una transformación significativa del estatus actual.


Es fácil la demagogia en un tema tan sensible, y quizás no se ha debatido suficientemente de la Universidad que necesita la sociedad y lo que está dispuesta a pagar por ella, ya que la reacción ha sido inmediata. Antes de que el borrador se presente al Ministerio y con algunos títulos de Postgrado apenas bosquejados, ya han suscitado apasionadas reacciones, pronunciamientos y movilizaciones de los que no salen a gusto en la foto.


El futuro Catálogo debe conducir a títulos de Grado con claros referentes a nivel europeo, socialmente relevantes y que capaciten la integración directa en el mercado laboral. La formación de especialización y el engarce con la investigación se desarrollaría en los estudios de Postgrado que serían mucho más flexibles y permitirían perfiles formativos específicos. Pero, la batalla real, es que mientras la matrícula en las enseñanzas de Grado obedecerán a precios públicos, sólo los estudios de Máster con directrices propias los tendrán y los restantes serán precios de mercado libre.


Las enseñanzas actuales se configuraron en una tradición de la transmisión del saber dictada por la Academia o la Administración, más interesadas en el mantenimiento de parcelas de poder, que en los conocimientos demandados por la sociedad. Esto ha conducido a una oferta de más de 140 títulos oficiales que no corresponden a competencias laborales distintas ni a nichos de empleos específicos. Así, algunas de las titulaciones surgidas en los últimos 15 años tras la LRU, se han demostrado innecesarias para el mantenimiento o reposición generacional de la investigación y sin reconocimiento en el mercado laboral, pero han seguido porque, políticamente es difícil suprimirlas.


Los actuales estudiantes, afectados por la incertidumbre de sus competencias profesionales, han sido los primeros en reaccionar ante el Catálogo. Las competencias de los títulos actualmente en vigor están aseguradas por el carácter no retroactivo de la leyes, pero es cierto que su visibilidad social y posibilidades de progreso estarán interferidas por los nuevos títulos.


Debe existir una clara relación entre las competencias de los nuevos titulados y sus atribuciones profesionales y, en esto, los Colegios profesionales tendrán mucho que decir ya que ellos, u otros que se pudieran crear, deberán acoger a los nuevos titulados a la vez que dan continuidad a la defensa de sus actuales colegiados.


Los centros y universidades españolas, que deberán cambiar los títulos y quizás romper inercias históricas, son espectadores interesados ya que la reducción de títulos puede imponer su transformación. Las competencias de aprobación de títulos y de creación o modificación de centros corresponden a las Comunidades Autónomas, que serán responsables de una tarea difícil porque la continuidad puede conducir a duplicar enseñanzas con demanda baja y decreciente en distintos centros, aumentando la ineficiencia y a modificar las políticas previas de descentralización.


Favorecer la movilidad de los estudiantes y un proceso de formación de por vida, de forma transparente, exige garantías uniformes de calidad en distintos centros y países y requiere la actuación de Agencias de calidad, que deberán seguir criterios uniformes en toda Europa. Este elemento novedoso, que es inseparable del proceso de convergencia al EEES, va a introducir modificaciones mayores en la Universidad española con la aparición de listas de méritos de centros y titulaciones.


No se puede ser excelente en todos los campos, la competencia requiere especialización y será inevitable escoger los campos a desarrollar. La existencia de unos centros esencialmente dedicados a formar profesionales de Grado y otros que además tienen capacidad de investigar e impartir estudios de Máster y Doctorado, que ya existe en la actualidad, seguramente se consolidará. En este entorno, es dudoso que la asociación de docencia e investigación, que ha sido el paradigma de la Universidad tal y como la entendemos actualmente sea sostenible.


Dejando aparte la modificación profunda en la forma de impartir docencia, el proceso de convergencia al EEES introduce cambios en profundidad en la Universidad que son bienvenidos por lo que representan de oportunidad para mejorar la eficiencia y calidad de la enseñanza universitaria y por lo que suponen de puesta al día de su adaptación a la sociedad. Aprovechar con inteligencia este impulso es una oportunidad para obtener el mejor capital humano en estos momentos de despliegue de Aragón.


Rafael Navarro Linares
(Publicado por Heraldo de Aragón en mayo de 2005)

viernes, 15 de abril de 2005

La DGA y su Universidad

El anuncio de la implantación en el próximo curso de estudios de Ingeniería en Informática de la Universidad San Jorge en las instalaciones del Parque Tecnológico Walqa en Huesca, que hemos conocido por las declaraciones de sus responsables, no ha producido sorpresa en la Universidad de Zaragoza y en su Centro Politécnico Superior pero sí una honda preocupación por la actitud difícilmente comprensible del Gobierno de Aragón para con su Universidad.


Damos la bienvenida al aumento de capacidad de formación universitaria y de recursos humanos y materiales dedicados al I+D+I en Aragón que aportará la Universidad San Jorge. El Centro Politécnico Superior no teme la competencia que supone duplicar la oferta de una de nuestras titulaciones ya que contamos con la calidad de la formación de nuestros ingenieros en Informática y las capacidades de nuestros departamentos e institutos universitarios, y con estos activos ya estamos compitiendo en el mercado nacional y europeo.


Hace cinco años, cuando el Proyecto Walqa de potenciación de actividades empresariales ligadas a las TIC estaba en gestación, el Gobierno de Aragón se dirigió a la Universidad de Zaragoza y a su Centro Politécnico Superior pidiendo colaboración. La respuesta fue inmediata y sin reservas de forma que, para incrementar la oferta de estos titulados en Aragón, el número de alumnos de Ingeniería en Informática e Ingeniería de Telecomunicación se aumentó en un 50% y también desde entonces la Universidad de Zaragoza ha colaborado intensa y estrechamente en el desarrollo del Parque Tecnológico Walqa. Entre otros, se diseñaron y montaron cinco laboratorios de investigación en Huesca en los que profesores, investigadores y estudiantes de nuestra Universidad colaboran con las empresas ubicadas en el Parque Tecnológico. Así se han realizado prácticas, proyectos fin de carrera y tesis doctorales y se ha participado en los cursos, seminarios y jornadas que se organizan en Walqa.


Al primer convenio de colaboración entre la Universidad de Zaragoza y los órganos del Gobierno de Aragón responsables de la gestión de Walqa le ha seguido otro actualmente en vigor, para que un grupo de profesores del CPS y de otros centros pudieran continuar trabajando en varias líneas de investigación en los laboratorios del Parque Tecnológico Walqa.


Ahora, al acoger las enseñanzas de Ingeniería en Informática de la Universidad San Jorge en el Parque Tecnológico Walqa, el Gobierno de Aragón opta por establecer nuevas sinergias difícilmente compatibles con las previas. Al hacerlo rompe la estructura de relaciones empresa-investigación que había desarrollado junto con la Universidad de Zaragoza y que ha sido financiada mayoritariamente con fondos públicos y se la “regala” a este nuevo centro. Esta actuación quiebra además la confianza que debe existir entre instituciones, afecta negativamente a la Universidad pública y como tal debe ser denunciada a la Sociedad.


El Gobierno de Aragón cambia de socio tecnológico para el desarrollo de las TIC en Walqa y apuesta por una “aventura“ que sólo existe sobre el papel, frente a una colaboración real con centros, departamentos e institutos de investigación de “su Universidad”. Una Universidad de calidad contrastada por los titulados y doctores que ha formado, por sus éxitos en captar financiación en convocatorias competitivas de proyectos de investigación nacionales e internacionales y por el volumen y calidad de sus colaboraciones con empresas.


No se han explicado las razones que hacen que la instalación de estas enseñanzas en Walqa sea una decisión adecuada para Aragón y para Huesca, por lo que es difícil rebatirlas. Si la intención es aumentar el número de ingenieros en Informática, el empeño es innecesario, pues en la actualidad se cubren con creces las necesidades del mercado laboral con los que se titulan anualmente y un 30% de los titulados debe buscar trabajo fuera de Aragón.


Sólo razones difíciles de entender pueden sostener esta actuación, que se enmarca en un divorcio creciente del Gobierno de Aragón y “su Universidad” con muchos temas pendientes: la LOSUA en trámite, que reduce la autonomía de la Universidad y quiere hacer de ella un apéndice administrativo; la ley de creación de la Universidad San Jorge, que no ha esperado la ordenación del sistema universitario aragonés sino que pasó por las Cortes de Aragón, como si la nueva Universidad no formara parte del sistema universitario aragonés; y unos presupuestos de la Universidad pública crecientemente escasos y sin un horizonte estable de financiación plurianual, mientras que indirectamente se transfieren medios públicos a actividades privadas.


A esta cuenta se suma ahora una quiebra en la confianza que debe existir entre instituciones, porque ¿con que ánimo se podrán abordar las necesarias futuras colaboraciones?


Rafael Navarro Linares
(Publicado en Heraldo de Aragón en abril 2005)

miércoles, 23 de febrero de 2005

Una pesada hipoteca para la Universidad pública

Es políticamente incorrecto que responsables de la gestión de la Universidad de Zaragoza se pronuncien sobre la iniciativa de creación de una universidad privada en Aragón ya que existe el peligro de que se interprete como una defensa gremial de intereses para mantener un monopolio o de temor a la competencia. A pesar de este riesgo, callar sería faltar al compromiso intelectual, que como universitarios nos obliga a hacer llegar a la sociedad una crítica serena y motivada.

El gran crecimiento que durante la pasada década ha tenido el número de universidades (públicas y privadas), centros y enseñanzas en el estado español ha sido, sin duda, caótico. En muchos casos, además, ha estado dirigido a satisfacer intereses locales inmediatos y, al no existir adecuados controles de calidad, algunas enseñanzas han evolucionado por debajo de los mínimos exigibles. Crear una universidad no sólo son ladrillos, contratar un mínimo de profesores y hacer la foto inaugural, sino que es conseguir asentar grupos competitivos de profesionales que desarrollen docencia e investigación, alienten la racionalidad y la crítica e interaccionen con la sociedad que les rodea. A falta de esto no hay universidad, sino otras cosas.

A día de hoy, se percibe que diversas partes del sistema universitario español no son sostenibles en su estructura actual ni económica ni socialmente y gran parte de la responsabilidad se debe a los equilibrios políticos que las originaron, más que a las propias universidades que deben gestionarlos.

No es sostenible el sistema universitario español porque los recursos que se dedican a la docencia y a la investigación son escasos y, desde luego, muy inferiores a los que correspondería por el entorno internacional en que deben competir nuestros centros y titulados.

No es sostenible seguir aumentando el número de centros por la necesidad de conseguir tamaños mínimos, que quedan comprometidos en una situación de decrecimiento de la población en edad de formación universitaria y de disminución del porcentaje de jóvenes que quieren seguirlos.

No son sostenibles algunas enseñanzas porque el perfil profesional de los titulados no tiene demanda en el mercado laboral y cada vez la juventud considera que en ellas no tiene retribución su esfuerzo. Tampoco puede aumentar el número de estudiantes en algunas de las enseñanzas más demandadas, por ejemplo del área biomédica porque, además de su dificultad de integrarse en el mercado laboral, no podrían formarse con los estándares que exige Europa para estas profesiones.

Todas estas circunstancias se dan en el sistema universitario aragonés añadidas a un desequilibrio demográfico de manera que, con los parámetros actuales y a medio plazo, sin apoyo de la administración, sólo serán viables iniciativas privadas en el entorno de Zaragoza. Además, sin dobles lenguajes políticos, hay que ser conscientes de que su impartición con certeza impedirá el desarrollo universitario en La Almunia, Huesca y Teruel. La alternativa de destinar, directa o indirectamente, fondos públicos a la iniciativa privada para que ésta se desarrolle fuera de Zaragoza (rumores de instalación en Walqa), además de contradictoria de raíz, sólo pueden generar rechazo social porque actualmente la DGA no aporta los medios económicos suficientes para cubrir las necesidades de la Universidad pública.

Yerra la administración aragonesa al aprobar la creación de la Universidad privada antes de la Ley de Ordenación del Sistema Universitario Aragonés ya que condiciona completamente su desarrollo y anula la mayor parte de los esfuerzos de descentralización propugnados por la misma. El reciente Acuerdo de la Consejería de Ciencia, Tecnología y Universidades y la Universidad de Zaragoza hace ojos ciegos a la creación de la Universidad privada, técnicamente no se sostiene e hipoteca el sistema universitario público de Aragón al que carga de ineficiencias estructurales por muchos años.


Rafael Navarro Linares

(Publicado por Heraldo de Aragón el 23 de febrero de 2005)

lunes, 9 de junio de 2003

Hacia un parque científico-tecnológico

Recientemente las páginas del Heraldo de Aragón recogieron puntualmente lo que, sin duda, constituye la mayor dotación económica cofinanciada por el Gobierno de Aragón para potenciar la investigación en la Universidad de Zaragoza. Tanto por la cuantía total, cerca de 4000 millones de pesetas, como por el procedimiento seguido, de concurrencia competitiva con evaluación externa, o por el ánimo de integración de la investigación, que se diseña, todos los investigadores nos felicitamos.


Una parte importante de esta dotación será para la construcción en el Campus del Actur, junto al Centro Politécnico Superior -CPS-, de un Centro Integrado de Investigación que alojará al Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón, al Instituto de Nanociencia y al Instituto de Bio-computación y Física de Sistemas Complejos, así como otros institutos en fase de constitución. Igualmente se construirá un nuevo centro de I+D para la fundación “Centro de investigación de recursos y consumos energéticos” - CIRCE. Sin embargo, ha pasado más desapercibido que la dotación no solo alcanza para edificios sino que también cubre la adquisición de equipos e infraestructuras de investigación solicitadas por estos institutos.


El Gobierno de Aragón hace una apuesta decidida y abre un camino que, sin duda, impulsará la investigación de calidad de los grupos más competitivos y favorecerá una contribución más eficaz al desarrollo regional. Ese mismo esfuerzo debe ser multiplicado por la Universidad, que hasta ahora no ha sabido anticiparse en su organización, ni planificar el desarrollo de unos institutos de investigación, que por su propio empuje llevan funcionando menos de un año. Su integración en un solo centro será positiva, por lo que representa de impulso, pero se hace precipitadamente sin definir previamente la organización y la dirección en que se desea avanzar.


Quedan por resolver temas como la funcionalidad de unos institutos que tendrán laboratorios y despachos en un centro integrado pero con investigadores desarrollando sus actividades docentes en la plaza San Francisco. Igualmente, falta diseñar e inducir un sistema dinámico que premie la actividad y permanentemente adapte las necesidades de espacios y laboratorios a la actividad de los institutos. Falta el reconocimiento y potenciación de la actividad del personal investigador tanto consolidado como en formación y una política de dotación de personal técnico y auxiliar de investigación. Falta, en definitiva, repensar la investigación en la Universidad a la luz de un mundo cambiante donde el conocimiento es elemento estratégico del progreso de las regiones.


La Universidad de Zaragoza está de enhorabuena, pero especialmente los centros de este Campus, porque vemos como se configura una concentración de medios de investigación y de instituciones del área tecnológica sin precedente. Así el conjunto formado por el instituto Tecnológico de Aragón, el Centro Europeo de Empresas e Innovación, el Instituto de Carboquímica, los dos centros universitarios del área tecnológica; CPS y Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Industrial y el nuevo Centro Integrado de Investigación daría un tamaño y composición suficiente para la creación de un parque científico tecnológico en Zaragoza.


A lo largo de años, hemos albergado el deseo de un instrumento de esas características en las proximidades del CPS, que facilitase la transferencia de investigación y conocimientos y convirtiese nuestra investigación en motor de desarrollo. Ahora, por primera vez, están los medios materiales junto con grupos de investigadores de excelencia, para que el germen de un parque científico tecnológico sea hoy una oportunidad más próxima y alcanzable, a ello dedicaremos nuestros esfuerzos.


Rafael Navarro Linares
(Publicado en Heraldo de Aragón en junio 2003)